No habrá hipotecas sin ahorro
Los tiempos del crédito hipotecario fácil han terminado y, por si a alguien le quedaba alguna duda, hemos podido conocer unas recientes declaraciones del presidente de la Asociación Hipotecaria Española (AHE), Santos González, en las que ha querido dejar bien claro que todo aquel que pretenda comprar una vivienda tendrá que ahorrar una cantidad de dinero más o menos respetable. En consecuencia, podemos afirmar ya sin titubeos, que se acabaron las hipotecas que cubren el cien por cien del coste de la vivienda y con las que aún sobraba dinero para la mudanza, las obras de reforma, los muebles nuevos, las lámparas, el aire acondicionado e incluso para la entrada de un coche a estrenar. En efecto, durante los años expansivos que vivió el sector inmobiliario, la contratación de préstamos hipotecarios abandonó el rigor tradicional para adquirir hábitos en los que bancos y cajas de ahorros concedían con facilidad el 120 ó el 130 por ciento del valor de tasación de la vivienda. Ahora, el escenario surgido es radicalmente distinto, y aunque ya viene mostrándose así desde hace muchos meses, la Asociación Hipotecaria Española (AHE) ha tenido que tomarse la molestia de devolvernos a la realidad. Recordemos que la AHE integra a bancos, cajas de ahorros y a otros agentes del sistema financiero de nuestro país.
Según González, el sistema hipotecario que ha de surgir una vez que salgamos de la crisis habrá de ser totalmente distintos al actual, con tipos de interés mucho más estables y menores costes para quien decida endeudarse, aunque si resultará imposible acceder a préstamos hipotecarios tan generosos y fáciles de conseguir como los que se concedieron masivamente pocos años atrás. Dará igual que acredites ser muy solvente y no tener necesidad de que te concedan la hipoteca, porque esta en ningún caso superará el 80 por ciento del valor de tasación real de la vivienda.
De momento, la época de bloqueo del crédito va a seguir vigente y no parece que vaya a remitir hasta que pueda invertirse la tendencia en la destrucción de empleo. Mientras persistan niveles de desempleo iguales o superiores a los actuales, la morosidad va a continuar siendo la bestia negra de los bancos, el freno que va a impedirles relajar las condiciones que reinan actualmente en la contratación de hipotecas. Parece obvio que un cierto número de cajas de ahorros y bancos padecen o han padecido severamente la enfermedad de la morosidad y no van a admitir nada que, ni por asomo, les evoque nuevamente esos riesgos.






