¿Nos vendrá el fin de la crisis desde EE.UU.?

Los sacrificios y penurias que van asociados a una situación de recesión económica suelen traer implícitos sentimientos de inquietud por saber hasta cuándo durará el período de vacas flacas. Es obvio que la incertidumbre confiere credibilidad a muchas hipótesis posibles, y hay quien dice que la crisis acabará en 2010, otros que en 2011, y otros más optimistas o más interesados se atreven a vaticinar que nos recuperaremos a final de 2009.
Por otra parte, cuándo se trata de especular de qué depende el final de la crisis, unos dicen que es necesario vender antes todo el stock de viviendas nuevas -más de un millón-, otros que baje mucho más el precio de los inmuebles y otros que los bancos y cajas de ahorros se decidan ya de una vez a volver a prestar dinero a familias y empresas. Sin embargo, no son demasiadas las voces que vinculan el deseado final de la crisis a factores extrínsecos, cuando todos sabemos que el desencadenante de este sombrío panorama nos vino del otro lado del Atlántico, de la denominada crisis subprime, crisis de las hipotecas ninja o hipotecas basura. Efectivamente, todo comenzó en EE.UU. y desde allí viajó al resto del mundo en forma de inversiones en deuda hipotecaria. ¿No nos querrá venir el final de la crisis también desde el país de Obama?.
Para quienes piensan que nuestra economía está íntimamente vinculada a la norteamericana, parece que una luz de esperanza se eleva desde aquellas tierras, ya que algunos de sus indicadores comienzan ahora a mostrar muy leves indicios de recuperación. Por ejemplo, la venta de viviendas de segunda mano ha subido un 6,5 por ciento en diciembre de 2008 respecto del mismo mes del ejercicio anterior. No es un dato para pasarlo por alto y que mejora cualquiera de las pesimistas previsiones enunciadas con anterioridad. Por otra parte, el índice de empleo y actividad económica que ofrece el Conference Board también ha experimentado una mejoría por encima de las poco halagüeñas expectativas que auguraban un nuevo empeoramiento. Desde luego, no es para echar alborozados las campanas al vuelo, pero la noticia es esperanzadora también para los que estamos a este lado del océano. Puede que sea el efecto anímico, más o menos transitorio, por la elección de Barack Obama o puede que sean, simple y sencillamente, los indicios que anuncian, muy tímidamente, el final del ciclo negativo, aunque este aún se haga esperar un tiempo más.






