Breve historia de las caídas del precio de la vivienda
Por tradición, casi siempre hemos escuchado el comentario que nos decía que la inversión más segura era la inversión inmobiliaria, que nada más seguro ni más rentable a medio y a largo plazo que comprar un piso, una casa, un garaje o un local. La sabiduría popular viene a expresar que lo más consistente para colocar nuestro dinero es la inversión en ladrillo, por encima de la renta variable o de cualquier otro valor más o menos coyuntural. Es más, existe la creencia generalizada de que el precio medio de la vivienda puede subir más o menos rápidamente, o incluso estancarse una temporada, pero que nunca llega a bajar de forma apreciable o significativa, si lo consideramos con relación a un lapso de tiempo medio o prolongado.
Por el contrario, con relación a los hábitos puestos en práctica por muchos supuestos inversores durante el boom inmobiliario, las oscilaciones del precio de la vivienda si pueden, efectivamente, malograr una inversión. La explicación es fácil de comprender, ya que si lo que se intenta es conseguir plusvalía a través de una inversión en ladrillo en apenas unos meses, sólo puede haber expectativas de éxito en ciclos alcistas tan acelerados y disparatados como los que pudimos vivir en los años inmediatamente anteriores al llamado estallido de la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, cuando tomamos como referencia un ciclo temporal más prolongado, son pocos los casos en los que puede hablarse de una depreciación del valor de los activos adquiridos, aunque si es verdad que hay algunos, en contra de lo que viene a decirnos la memoria colectiva.
Por ejemplo, si revisamos los números de años atrás podemos encontrar algún que otro ciclo con precios a la baja. Entre 1979 y 1982, los llamados años de la reconversión industrial, el precio medio de la vivienda en España llegó a descender un 35 por ciento, siempre según los números oficiales. En aquellos momentos, todavía se padecían los severos efectos de la denominada crisis del petróleo y aún se identificaban consecuencias de una prolongada fase de ajuste económico. Fue hace mucho tiempo, pero tal vez en aquellos días la opinión pública no estaba tan pendiente de los precios de los pisos, ni tampoco tan bien informada como ahora, ni tan siquiera se había pasado por un boom inmobiliario como el precedente. Pero la bajada de precios existió, más allá de estimaciones parciales. No ha sido la única en las últimas décadas, ya que entre 1992 y 1997 se experimentó una caída del precio de la vivienda en España, en torno al 24 por ciento, en la última crisis vivida antes de la actual.
Con esto, no queremos, ni mucho menos, afirmar que la vivienda vaya a bajar ahora tanto sus precios ni que el ciclo descendente vaya a prolongarse 4 ó 5 años. Ojalá lo supiéramos…






