Alquiler de viviendas y Apocalipsis del ladrillo
Todos aquellos que se mantienen en contacto con alguna empresa o algún profesional de la intermediación inmobiliaria hace ya bastantes meses que vienen escuchando de ellos que el alquiler de viviendas se ha convertido en una fórmula emergente y en franca expansión para acceder a una vivienda. Cada vez con mayor frecuencia, oímos decir que las agencias inmobiliarias que han conseguido mantener sus puertas abiertas todavía a estas alturas, encuentran en el alquiler una oportunidad para mantenerse en la actividad y no sucumbir ante el imparable Apocalipsis del ladrillo. En efecto, la realidad es que se venden pocos pisos, pero se están alquilando bastantes más que hace unos años, a pesar de las dificultades que entraña el alquiler para propietarios e inquilinos.
Quienes ahora mismo se plantean adquirir una vivienda, perciben indicios de que los precios pueden estar bajando y prefieren esperar que se aclare el panorama. Por si esto fuera poco, si consiguen decidirse por algún piso, encuentran una tremenda dificultad para acceder a la financiación, ya que el crédito hipotecario permanece bloqueado y solo se tiene alguna opción de acceder a él si le compramos el piso a un banco o a una caja de ahorros. Por otra parte, encontramos una tremenda desconfianza ante la situación económica global, por los altos niveles de destrucción de empleo, la recesión global y el temor a que podamos perder el puesto de trabajo en cualquier momento. El resultado final es que es muy, muy difícil comprar una vivienda y, en consecuencia, también resulta enormemente complejo venderla. ¿Qué salida queda?, el alquiler de viviendas, tanto para los que quieren acceder a un lugar en el que vivir, como para aquellos otros que quieren comercializar viviendas, sean intermediario o propietarios (particulares, promotores, inversores, bancos y cajas de ahorros).
Si no puedes vender, tomas la posibilidad de alquilar tus viviendas como una mal menor que permite ir haciendo frente a las cargas financieras del inmueble o, en su defecto, a los costes que genera un piso vacío. No queremos el alquiler “ni en pintura” por la inseguridad jurídica y los tremendos riesgos que comporta para el propietario, así como por la inestabilidad y la falta de hábito que conlleva a los inquilinos. Pero no queda más remedio, si se quiere acceder a una vivienda y no tener activos inmobiliarios ociosos.
Volvemos a insistir sobre lo mismo: el alquiler de viviendas precisa de un mayor apoyo de las administraciones, de un ventajoso tratamiento fiscal y de un marco jurídico que inspire confianza a propietarios e inquilinos.






